LOS ENEMIGOS DEL APRENDIZAJE

Cada sociedad desarrolla una manera de aprender, y esa manera genera a su vez prácticas que, involuntariamente, terminan impidiendo o limitando el aprendizaje. Esas barreras son las que llamamos Enemigos del Aprendizaje. Así sucede hoy en día, y ha sido en cualquier otro momento de la historia. Identificar esos enemigos del aprendizaje es parte de una liberación, de un salto adelante, porque una vez identificados, se pueden trascender. Al contrario, cuando no los identificamos, nos convertimos en esclavos de ellos. En el camino del aprendizaje nos encontramos con ciertos obstáculos.

Pueden ser de índole económica (no puedo pagar los estudios con los que sueño); o social (crecí sin las oportunidades que otros tuvieron) o de condición física (alguna enfermedad, por ejemplo), que no me permiten practicar un deporte o tocar un instrumento musical. Y existen otros. Pero no es de esos obstáculos que hablaremos en este documento. Hay prácticas en cada cultura que dificultan el aprendizaje y que se hacen invisibles porque son compartidas colectivamente. Son aquellas que solemos definir como “así son las cosas”. Es a estas barreras, que producen espacios de ceguera colectiva, a las que vamos a referirnos.

Si hay algo extraordinario es que nosotros sabemos, pero no sabemos de qué forma sabemos. Es algo transparente para la mayoría de las personas. Pero para los demás, generalmente entender cómo sabemos o aprendemos no es una preocupación; simplemente nos sumergimos en la manera de aprender que nuestra cultura nos permite.

El aprendizaje de nuestro tiempo

Nuestra sociedad le presta mucha atención a la educación. Sin embargo, rara vez miramos profundamente al aprendizaje en sí mismo para preguntarnos ¿qué es?, ¿cuáles son sus metas?, ¿qué cambios se podrían realizar?, ¿qué es el aprendizaje en relación al conocimiento, en relación a la sabiduría? Cuando hablamos de aprendizaje individual señalamos que nuestra educación busca darle a cada individuo las técnicas y herramientas que le permitan conseguir el éxito personal en la vida, particularmente en el trabajo. En ese modelo se pierden la habilidades relacionadas con la interacción del grupo, especialmente las que tienen que ver con las emociones. La consecuencia de un aprendizaje individual es que estimula la competencia. Un aprendizaje comunitario llevaría a pensar más en términos de cooperación.

Cuando se impulsa la idea de que lo que se aprende es la realidad, es “la forma en que las cosas son”, y, por tanto, la verdad objetiva, el foco de atención está centrado en qué aprendemos más que en cómo lo aprendemos. Eso genera un modelo de aprendizaje donde se le da valor a las respuestas y no a las preguntas.

Para muchos jóvenes, el colegio es aburrido o directamente una actividad soporífera. Toda la alegría y el interés han sido suprimidos, así que para muchas personas sus días de colegio son simplemente una pérdida de tiempo.

Menos obvio —pero no menos importante— son los varios tipos de quiebres que este tipo de aprendizaje genera. Estos quiebres incluyen la soledad, la ausencia de significado, la falta de balance y un profundo sentido de desconexión.

Decimos entonces que el aprendizaje debe dirigirse no sólo a nuestra mente, sino también al cuerpo. Debe encontrar un balance entre lo lingüístico-conceptual por un lado, y lo emocional y corporal por el otro, para así comenzar a descubrir las coherencias intrínsecas entre estos niveles de experiencia.

Como seres humanos, con seguridad necesitamos un enfoque del aprendizaje mucho más amplio y profundo. Lo que falta es un discurso capaz de contener la plenitud, la variedad, la profundidad y la unidad de la experiencia humana; de investigar nuestros modos de aprender y de aspirar a engendrar sabiduría, bienestar y capacidad de vivir en armonía con otros.

No somos solamente criaturas dotadas de razón. También somos seres emocionales que vivimos nuestras vidas con una amplia gama de emociones y estados de ánimo. Y somos seres físicos cuyos cuerpos son profundamente coherentes con nuestras otras dimensiones del ser.

Les proponemos ver algunos enemigos del aprendizaje. Unos les parecerán obvios, y otros más sutiles. No pretendemos dar una lista completa; seguramente ustedes se reconocerán en alguno o algunos de ellos y eso les genere una reflexión. Los invitamos a convertir ese espacio de reflexión en un aprendizaje para sus vidas.

Algunos Enemigos del Aprendizaje

1. El fenómeno de la ceguera cognitiva.

Los seres humanos debemos admitir que vivimos en espacios en que no sabemos que no sabemos. A eso le llamamos ceguera cognitiva. El hecho de no saber no es un enemigo del aprendizaje, es una situación absoluta que todo ser humano vive. El enemigo del aprendizaje es no reconocer que existe la ceguera, y en ese caso la ilusión de que nuestro conocimiento es, de alguna manera, suficiente. Al ignorar el hecho de que no sé muchas cosas, no me preparo para nuevos conocimientos y tampoco me doy cuenta de los vacíos del conocimiento que tengo. Aprender significa que cuestiono mis conocimientos y estoy dispuesto a soltar supuestos con los que he vivido y abriéndome a la posibilidad de que puede haber algo nuevo que aprender. Pero la ceguera a la ceguera me produce la ilusión de que sé, me siento satisfecho con eso, y no me impulsa a ir más allá. La admisión de la ceguera como fenómeno es fundamental. De lo contrario, yo no puedo intentar aprender algo que ni siquiera sé que es posible de ser aprendido. Para poder aprender hace falta una declaración de ignorancia.

2. Incapacidad de admitir que no sé.

Nos cuesta reconocer que hay cosas que no sabemos, creyendo que deberíamos saber. Cuando decimos “yo ya sé”, prácticamente no escuchamos lo que el otro está diciendo. El "Yo ya lo sé" nos cierra un camino y la oportunidad de aprender. Culturalmente, decir “no sé”, se revela como algo extremadamente complicado, en especial en el mundo del trabajo, donde juzgamos que podemos ser castigados o censurados por reconocer que hay algo que no sabemos. Muy posiblemente nuestra resistencia a decir “no sé”, viene del colegio, donde nos exigían conocer las respuestas. Al declarar “yo no sé”, lo que viene después es “voy a aprender”. Por eso la ignorancia no es lo opuesto al aprendizaje.

Postulamos más bien que la ignorancia está en el comienzo del camino del aprendizaje.

3. “Dado quien soy, no puedo aprender”.

“Yo no puedo”, “Esto es muy complicado para mí”, “No puedo porque soy así”; “soy pésimo para las matemáticas”, “no tengo ninguna destreza para jugar al fútbol”. O nos consideramos demasiado grandes o demasiado chicos. O no tenemos la personalidad o la edad adecuada… es decir, pensamos que determinado aprendizaje no es para nosotros dado la persona que somos. Frases como esta revelan juicios personales que tenemos sobre nosotros mismos, que convertimos en verdades y nos impiden lanzarnos a aprender.

4. Querer tenerlo todo claro, todo el tiempo.

Evitamos a toda costa cualquier momento de confusión o incertidumbre. No estamos abiertos a admitir que para llegar a saber, pasamos por el no saber y que para llegar a la luz hay trechos de oscuridad. Se muestra como una adicción a tener siempre la respuesta (por acceder a la gratificación inmediata). Cada iniciación de un aprendizaje implica atreverse a entrar en un espacio que no está claro. Si yo me hago nuevas preguntas, va a haber un rato en que esté en la oscuridad. Si yo te invito a mirar desde otra perspectiva, puede que se produzca un temor al iniciarse este nuevo espacio de preguntas. El espacio del “ya sé”, “lo tengo claro, “las cosas son así” produce seguridad. Y pasa que las grandes preguntas de la vida no nos llevan necesariamente a la claridad sino a espacios llenos de dudas, de confusión, de no entender. La búsqueda de la claridad no es la búsqueda de aprender sino de un cierto espacio de satisfacción. En cambio si no estamos buscando la teoría sino que estamos buscando aprender, tendremos que saber correr riesgos. Las grandes preguntas de la vida no llevan precisamente a la claridad.

5. Saber es ser capaz de responder preguntas.

Generalmente aprendemos que saber es tener respuestas. De hecho es una de las falacias más brutales que enseña el colegio. No está entre los amigos del saber el que pregunta. Las preguntas no se incentivan. Proponemos enamorarnos nuevamente de las preguntas. En la escuela nos hicieron adictos a tener la “respuesta”, premiando la “correcta”. Debemos acostumbrarnos a “quedarnos en las preguntas”, que abren caminos de conocimiento. Las respuestas en general dan por terminado un camino y no permiten ampliar un conocimiento.

6. El no tener tiempo.

Soy víctima de lo urgente (como diría Mafalda, “lo urgente no me deja tiempo para lo importante”) y el mundo no me deja aprender. En algún punto el aprendizaje por sí mismo dejó de ser prioritario en favor del “estar muy ocupado” o incluso desde el ocio fácil del entretenimiento, como la televisión por ejemplo. El no tener tiempo, como enemigo del aprendizaje, tiene otro componente, y es que cuando quiero aprender, quiero hacerlo rápidamente. Entonces preguntamos “¿Por qué no me dices cómo es la cosa y ya?” “Si tú sabes la respuesta, dámela. ¿Para qué le das tantas vueltas? ”. No aparece el aprendizaje como la experiencia sino solamente como intercambio de información. Y acá nos hacemos una pregunta; si no nos damos tiempo, ¿cómo aprendemos? Tenemos que entender que para llegar a cualquier grado de maestría en cualquier dominio, dedicarle tiempo es esencial. En su libro Mastery, el educador George Leonard, dice que para adquirir maestría en un cualquier dominio se requiere de unas 10.000 horas de práctica.

7. La incapacidad de desaprender.

Pensamos que si una práctica funcionó bien hasta ahora, lo va a seguir haciendo. Y puede que en algunos casos funcione pero en muchos casos se convierte en una ilusión. Muchas empresas y muchas personas han fracasado en sus emprendimientos por no adaptarse a nuevas circunstancias. La incapacidad de aprender pasa, generalmente, por no poder cuestionarnos lo aprendido, por no poder tener otra mirada hacia lo que ya sabemos. A lo que apunta eso es a esto: desaprender significa que me desprendo de un mundo explicativo, de un modo de hacer ciertas cosas y accedo a uno nuevo. Por ejemplo, si empiezo a pintar con una nueva técnica, para poder acceder a ella, me estoy desprendiendo de otra. Toda reflexión implica estar dispuesto a dejar atrás las explicaciones con las que he vivido o lo que yo vivía como un saber hasta un tiempo atrás. Muchas personas se aferran a su mundo explicativo, se resisten a dudar, a poder considerar otras miradas, y se aferran a su “verdad”. Una frase típica de este enemigo del aprendizaje es “Siempre lo

he hecho así”.

8. Excluir el dominio corporal del aprendizaje.

En todo aprendizaje participa nuestra biología. En cualquier práctica que se repite se incorpora una disposición al movimiento; nuestra flexibilidad para escuchar ideas nuevas también vive en un cuerpo flexible, por ejemplo.

Es fácil entender el rol del cuerpo en el aprendizaje cuando quiero por ejemplo bailar o si quiero aprender una técnica para hacer cerámicas; pero cuando quiero aprender respeto o el valor de la cordialidad, o cuando he vivido en la culpa, ¿qué tiene que ver el cuerpo en eso? Aparentemente nada. Mas sin embargo, la experiencia de salir de la culpa es una experiencia definitivamente emocional y no se puede separar de la corporalidad. Cuando una persona que vive en el miedo aprende a vivir sin ese miedo, su cuerpo cambia. Cuando miramos eso, no cabe ninguna duda de que nuestra corporalidad es parte consistente de estos actos de aprendizaje, y en formas que no necesariamente se revelan fácilmente.

Si una persona tiene miedo de hablar en público, por ejemplo, podemos mostrarle varios tips para hacerla más efectiva a la hora de enfrentar un auditorio. Pero si no incluimos en su aprendizaje la corporalidad, muy posiblemente no podrá aprender realmente la experiencia de pararse a hablar frente a otras personas. No solamente se trata de las palabras que salgan de su boca, ese cuerpo debe aprender a sostener su presencia frente a su auditorio.

Los grandes maestros, cuando meditan, no lo hacen corriendo o escuchando samba. El meditar implica una posición física, que ayuda, que colabora a esa conexión. Hay distintos dominios en que podemos mirar el dominio corporal como parte del aprendizaje. Yo diría que en todo aprendizaje profundo, serio, duradero está implicado el cuerpo. En la intuición, por ejemplo, el dominio físico está implicado ya. Cualquier aprendizaje vive en nuestro cuerpo, nuestra facilidad para escuchar cosas requiere de un cuerpo flexible o en apertura. Nuestra emocionalidad se traduce en prácticas somáticas.

9. Excluir el dominio emocional del aprendizaje

Nuestras emociones juegan un rol central como filtro o potenciador del proceso de aprender. No debemos olvidar que los estados emocionales son una predisposición a la acción, y que algunos de ellos pueden facilitar el aprendizaje y otros, dificultarlo. No hay duda de que un contexto emocional de confianza, de cariño, permite un aprendizaje que no se lograría desde el miedo. No es igual para el momento del aprendizaje estar con liviandad o alegría que con tristeza.

Cuando nosotros excluimos el contexto emocional en el aprender, estamos ignorando que desde la culpa y la vergüenza, por ejemplo, cualquier aprendizaje es imposible. O si estoy en la emocionalidad del contradecir. Eso no va a ayudarme a aprender. Un maestro sabe que la empatía y la calidez son parte fundamental del enseñar. Cuando aprendemos teoría, por ejemplo, y nos olvidamos del mundo emocional ¿qué pasa si yo aprendo, por ejemplo, botánica desde la rabia o desde el amor? Si yo estudio sobre bosques desde la codicia, aprenderé cómo destruirlos para lucrarme con ellos. Si estudio los bosques desde el amor, aprendo cómo conservarlos: es la misma materia pero estoy aprendiendo mundos completamente distintos.

Pero el discurso dominante es que la emoción hay que excluirla porque no ayuda al aprendizaje. Eso es tremendo y ha sido parte del mensaje de la modernidad. Para poder pensar claro y aprender hay que dejar de lado las emociones. Para pensar hay que ser frío. Y en realidad es imposible salirse. Ser frío es un estado emocional. Es inescapable el estar en una emoción.

10. La gravedad, la creencia de que aprender y divertirse son opuestos.

Uno de los discursos tácitos importantes en la educación de hoy en día es que el aprendizaje y la diversión van por caminos separados. La risa es vista frecuentemente como un distractor del aprendizaje, percibido como algo más bien grave o serio. En algunos espacios, incluso, el reírse no está bien visto porque “el aprendizaje es algo serio”. ¿En qué momento el aprendizaje dejó de ser divertido? La gravedad también nos impide reírnos de nosotros mismos, de nuestras torpezas, de nuestros sinsentidos, de nuestra ignorancia...

11. La trivialidad.

También está la trivialidad, que es un espacio en que no se puede aprender nada seriamente. Este enemigo del aprendizaje puede generar grandes perturbaciones. Una persona que viva en la trivialidad generalmente se refugia en la broma fácil y desactiva las intenciones de las personas a su alrededor que quieren aprender. El estar permanentemente en la broma evita las conversaciones necesarias, paraliza el aprendizaje y llega a generar un clima de intimidación. Por ejemplo si alguien de su entorno declara su propósito de aprender algo nuevo o de innovar, el trivial dice: “Ya este se cree mejor que nosotros”.

12. La resignación.

La resignación como enemigo del aprendizaje viene disfrazada de realismo: “ya, yo sé cómo son las cosas. Nada va a cambiar, entonces mejor dejemos las cosas así”. Es importante darnos cuenta cómo la resignación no la vemos como resignación sino como “así son las cosas” o “siempre ha sido así”. Crear un juicio definitivo de mi incapacidad o de que el mundo siempre ha sido así, ni siquiera me permite iniciar un proceso de aprendizaje.

13. Confundir saber con estar informado.

Yo puedo estar informado de muchas cosas. Ahora, hay varias preguntas que hacerse al respecto. ¿La información que tengo responde a una mirada particular, responde a una forma de entender las cosas, responde a un paradigma particular desde el cual se genera esa información? Si esa información la transformo en un hecho cierto, la información me clausura la expansión de mi saber porque considero que ya la información respondió a lo que necesitaba; no hay que hacer más preguntas. La otra cosa es que yo puedo estar informado, de la vida de los pájaros, por ejemplo, pero el estar informado no significa que yo sepa en el sentido de que tenga una capacidad de hacer en ese dominio.

El que yo esté informado de los pájaros significa que algo sé sobre los pájaros, pero el estar informado no requiere el involucramiento que el real saber implica, que es vivir la experiencia. Yo puedo tener mucha información sobre los pájaros y no haber visto un pájaro en mi vida. Puedo leer un manual sobre cómo se monta en bicicleta pero si no me he subido en una no puedo decir que sé montar una bicicleta, así domine la teoría.

Tener información es un elemento del saber, sin embargo, si esa información no se traduce en capacidad de acción, se convierte en una mera capacidad de repetir ciertas afirmaciones. En ese caso, la información no me envuelve, no me trae la experiencia. Yo puedo estar informado sobre el amor pero no experimento ese amor; puedo estar informado sobre la belleza y no la he experimentado nunca. En la información hay algo ajeno a mi participación en lo que sé. No participo en la experiencia.

14. No dar autoridad a otro para que me enseñe.

A partir de nuestra declaración de ignorancia y de querer aprender, el siguiente paso implica encontrar un maestro. Cuando declaramos a alguien como nuestro maestro, le otorgamos confianza y autoridad reconociendo su mayor capacidad de acción. Pero a veces nos posicionamos en lugares donde nadie “nos alcanza” para enseñarnos. Cuidado. Hay enemigos tan brutales como la desconfianza que es cuando alguien nos enseña y estamos en la sospecha sobre lo que nos está enseñando. Incluso podemos entrar en la arrogancia cuando decimos “no tengo nada que aprender de nadie”.

No todo aprendizaje ocurre porque alguien nos enseña, pero cuando nos ponemos en la posición de aprender de alguien, demos permiso, no entremos a pelear. Podemos retirar el permiso en un momento determinado, si es que lo consideramos, pero no partir de ahí. Confiar significa que al concederle autoridad a alguien estamos dispuestos a someternos a la dirección de esta persona, a sus instrucciones y a aceptar sus exigencias. Aprender es introducirse en un dominio de acción en que aceptamos que no sabemos. La única forma de avanzar desde ahí es confiando en el maestro, dejándonos guiar por él. Hay quienes son reacios a dar autoridad y a confiar en aquellos de quienes quieren aprender.

Una frase típica de este enemigo del aprendizaje es “Yo te diré cómo debes enseñarme”.

15. Creer que todo aprendizaje es acerca de ser más productivo.

La idea del aprendizaje vinculado a lo laboral es la esencia de la educación de nuestro tiempo: ir al colegio para prepararse para el trabajo. Lo que decimos es que eso es uno de los achatamientos más brutales, es traducir todo aprendizaje en un propósito laboral, entonces todo aprendizaje que tiene que ver con el misterio de la vida, con el asombro, con el arte, lo espiritual y una serie de otras cosas, está descalificado porque no es “útil” para el trabajo.

Hay enemigos del aprendizaje más sofisticados, que corresponden a la cultura dominante de nuestro tiempo: Uno de ellos es creer que el único espacio en que los seres humanos podemos encontrar la verdad es en la ciencia, como lo dice el pensador inglés Richard Dawkins. Esa presunción excluye muchos otros dominios y hechos que la ciencia no puede explicar y por tanto los ignora o los banaliza.

Otro enemigo de nuestro tiempo (y no solo de este tiempo) es el desprecio a coherencias o mundos explicativos que vienen de pueblos o culturas distintos. Nosotros podemos diferir de otros conocimientos, y eso podría ser un inicio de investigación o de aprender algo. Pero si desprecias otros conocimientos, te cierras a aprender algo nuevo.

Cuando nosotros despreciamos todo un mundo explicativo que no resuena con lo que consideramos es una explicación válida, lo rechazamos o lo ridiculizamos. Todo paradigma excluye lo que no se alinea con sus estándares. Cualquier explicación que no tenemos en el paradigma, suena extraña. Los fenómenos que no podemos explicar de acuerdo a lo que el paradigma explica, lo negamos como fenómeno. El hecho de negar una experiencia porque no la podemos explicar es parte de un gran enemigo del aprendizaje.

Esta reflexión sobre los enemigos del aprendizaje no puede terminar aquí. Debemos estar constantemente preguntándonos qué está en el camino. No solamente para mí como individuo sino para que aprendamos como Humanidad, como colectivo, como especie. Frente a los enormes desafíos que tenemos, ¿cuáles son las grandes cegueras que nos impiden que aparezca, que nazca un nuevo saber? Y si la pregunta no está presente, vamos a quedar atrapados otra vez en creer que lo que sabemos es lo que hay que saber. Como el que dice “ahí se terminó el asunto”. Por eso nuestra invitación es volver al espacio del asombro, a entender que yo puedo saber pero todo lo que sé es poco frente a la magnificencia de la existencia.

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