EMOCIONES Y ESTADOS DE ÁNIMO

Las emociones

La palabra Emoción viene del latín emovere (mover hacia afuera), y quiere decir lo que me mueve, lo que me pone en acción. Cada emoción que yo vivo me predispone a una acción.


Cuando tengo rabia mi predisposición podría ser a castigar al otro; cuando siento agradecimiento mi predisposición podría ser a servir; cuando estoy resignado mi predisposición podría llevarme a no actuar; cuando estoy entusiasmado mi predisposición es a actuar; cuando siento tristeza mi predisposición podría ser a recogerme; cuando siento miedo mi predisposición puede llevarme a ocultarme o a salir corriendo… Es decir, cada emoción que sentimos los seres humanos nos pone en una predisposición diferente.


Hay cientos de emociones. Hicimos un trabajo hace años y llegamos a identificar 196. Sin embargo nosotros vivimos con las siguientes distinciones: “me siento más o menos” o “estoy bien”. Esa es la pobreza de las distinciones que nosotros tenemos en el mundo emocional. Algo extraordinario en la modernidad es que —particularmente a partir de René Descartes, en el siglo XVII— vivimos en el paradigma de que las emociones nos impiden pensar claro y las sacamos del terreno cognitivo bajo el dogma de que las emociones no tienen nada que ver con el saber. ¿Saben el costo que eso ha tenido para nosotros en la vida? ¿Saben lo distinto que es saber desde la ternura que saber desde el resentimiento? ¿Saben lo distintas que son las respuestas a una pregunta hecha desde el cuidado a una pregunta hecha desde la envidia?


La misma pregunta en dos emociones distintas nos lleva a distintas respuestas. Todo el saber humano siempre es emocional pero nosotros lo hemos negado por décadas o siglos. Entonces no se extrañen de que me vaya bien pero sienta mi alma vacía. Tendemos a negar todo el territorio emocional en el espacio que tiene que ver con el saber.


Para nuestro trabajo hemos distinguido siete emociones básicas: la alegría, la tristeza, la rabia, el miedo, el erotismo, la gratitud y la ternura, y las trabajaremos a lo largo del programa.


Una emoción consiste en lo siguiente: hay un evento del que yo me informo, del que sé o del que soy parte, y me hace cambiar la disposición en la que yo estaba. Alguien me anuncia que acaba de fallecer una persona cercana, me lleno de tristeza y lloro, o alguien viene y me dice “Fulano se ganó un premio” y me pongo contento. O “está temblando”, y me lleno de miedo. Esa es una emoción: ocurrió un evento que cambió mi predisposición por un momento.


¡Las emociones son poderosas en tantos sentidos! Déjenme hablarles de algunas de ellas. ¿Saben ustedes cuál es la emoción más revolucionaria que conozco? La gratitud, que viene del latín ‘gratis’, es la capacidad de despertar en la mañana, respirar y dar gracias por el aire, dar gracias por lo que estamos comiendo, tomar la mano del hijo chiquitito que se me acaba de meter en la cama y celebrar su manito dulce y decir “gracias por este ser maravilloso”. Esa es la gratitud, gracias porque sí. En la gratitud no hay intercambio, son puros regalos. ¿Han pensado en el regalo que es un vaso de agua o una naranja? No, ya nosotros no pensamos en eso porque estamos enamorados de la tecnología. Esa sí que fascina. Les digo, la gratitud cuando la cultivamos es simplemente sorprendente.


Déjenme hablarles de otra emoción, la tristeza, que —como suelo decir—tiene muy mala prensa. ¿Qué pasa cuando viene la tristeza? Solemos decir“Yo no quiero estar triste, vamos a la televisión, quiero deshacerme de la tristeza”. La tristeza es la emoción que nos anuncia que hemos perdido algo importante. La tristeza viene cuando estamos en contacto con una pérdida y puede ser un acto profundo de aprendizaje si la visitamos. Cuando venga la tristeza no la apaguen, déjenla ser… bendigan sus lágrimas en paz.


Es imposible una introspección, una mirada al mundo profundo, que nonos cause tristeza, no hay posibilidad que eso sea así y ¡bendita sea!,ustedes se van a dar cuenta de que la tristeza va a ser fuente de inspiración. La alegría, por su parte, tiene algo extraordinario.


La alegría desde el punto de vista fisiológico, es la emoción más sana en términos de lo que produce en el cuerpo, y hay otra emoción, la ternura, que nos predispone asentirnos seguros. ¿Han visto lo que hace la mamá con el nene cuando se golpeó?… “Venga acá, mi amorcito, póngase aquí” y le hace un cariño. ¿Se han dado cuenta de que eso sana todos los dolores del mundo? Bueno, nosotros dejamos hace siglos de aprender desde la ternura, nosotros aprendemos solamente desde la inteligencia. La ternura tiene ese poder; podemos hablar, ser acogidos, ser escuchados respetuosamente.


Por ahora vamos a hablar sólo de esas emociones. Ya llegará el momento de hablar de muchas más pero esto es parte de la pintura de lo que estamos haciendo.


Estados de ánimo

El estado anímico es algo diferente, es cuando nos quedamos pegados en una emoción y vivimos en la tristeza o vivimos en la rabia, o vivimos en la resignación o vivimos en el resentimiento… Es decir, no importa lo que esté pasando, mi reacción siempre es la misma, me he quedado asentado en una forma de responder, yo tengo una sola predisposición a la acción en la vida.


Normalmente estamos en un estado de ánimo que no controlamos ni elegimos, simplemente nos encontramos en él. Y una vez que estamos en él nos comportamos dentro de los parámetros que el estado de ánimo especifica en nosotros. De alguna manera no tenemos estados de

ánimo sino que los estados de ánimo nos tienen a nosotros: los estados de ánimo se adelantan a nosotros, pues una vez que los observamos ya estamos sumergidos en ellos.


Muchas veces aprendemos ese estado de ánimo muy temprano en la vida, y perdemos la flexibilidad de responder a los eventos de la vida con distintas acciones. Hay personas —y ustedes lo saben bien— que viven en la tristeza, en la resignación, en el resentimiento o en el miedo, y nos quedamos ahí, y esa es nuestra respuesta. Así es como vemos la vida. El que vive en el miedo como estado anímico vive en un mundo lleno de peligros; el que vive en el entusiasmo vive en un mundo lleno de posibilidades.


Nuestro discurso actual sobre el aprendizaje ha tendido a ignorar la dimensión emocional de nuestro ser y de nuestro saber. Para un racionalista mantener una actividad cognitiva completamente libre de emociones es un ideal al cual todos deberíamos aspirar. Desde nuestro punto de vista, esta es una idea profundamente equivocada. Siempre nos encontramos en medio de alguna emoción o estado de ánimo, incluso cuando hablamos o pensamos. Hemos prestado tanta atención a nuestra área conceptual que nos hemos olvidado de que cada concepto, cada parte del conocimiento y cada comprensión conceptual también viven en un estado de ánimo particular, y si cambiamos el estado de ánimo en que sostenemos lo que sabemos, también estamos cambiando lo que sabemos.


Me gustaría mencionar un tema relevante en el dominio emocional, se trata de la emociones atrapadas o enraizadas.


Si un estado de ánimo es una disposición emocional en la que yo caigo por un periodo de tiempo —pueden ser dos semanas, puede ser un mes, puede ser un año—, una emoción atrapada o enraizada tiene que ver con un conflicto mayor, de alto nivel, y sobre todo que lo vivimos cuando no tenemos defensas emocionales. Por ejemplo un niño que sufre un abuso o que tiene mucho miedo. O una persona que en algún momento de su vida pierde un ser querido, sobre todo cuando lo encuentra en un momento muy débil.

En su libro The Emotion Code, el médico Bradley Nelson dice que esa emoción no sólo ocurre, hace su función y desaparece, sino que esa energía que produce queda vibrando en ti, incluso a veces muchas veces sin que tú sepas que esa emoción sigue estando ahí. Y esa emoción se transforma —esta es la parte clave— en una pieza fundamental de la coherencia que tú eres.


Esta emoción—por ejemplo el miedo, aunque puede ser la vergüenza, la culpa, la rabia o la resignación— literalmente es una vibración energética que se ubica en alguna parte del cuerpo. De hecho yo he empezado a preguntarles a las personas en coaching dónde tienen la emoción y no tienen dudas en señalar un sitio de su cuerpo. Complementando lo de vibración energética, la emoción atrapada o enraizada la entendemos como todo un sistema de respuesta frente a determinados contextos emocionales, que se asocien a la situación o al conflicto que la generó (muchas veces esos contextos son discursos o narrativas, que las fijamos como verdades, otras son lugares o situaciones ). Ese sistema de respuesta involucra a estructuras neuro musculares, sistema hormonal y una gran cantidad de reacciones corporales.


En ese caso todo tu mirar lingüístico del mundo (tu mundo interpretativo) y toda tu corporalidad se ajustan, giran coherentemente en torno de esa emoción que no puedes soltar. La clave es que esa emoción una vez que quedó atrapada ahí sigue, aunque tú no la veas. De ahí que muchas veces respondemos “yo soy así” o “no me doy cuenta”, y todo tu quehacer es coherente con esa emoción hasta el punto de que no se puede considerar como un estado de ánimo, en el sentido de que es un pasar de tiempo determinado, sino que se quedó ahí. Y si no se elimina a través de ciertos ejercicios o intervenciones, esta emoción atrapada te seguirá dominando. Es muy difícil romperla.


Bradley Nelson dice que el 80% de las personas tienen emociones atrapadas. O sea que estamos hablando de un asunto mayor. Este autor dice que una vez que logramos soltar una emoción a través de algún procedimiento, pasa algo muy importante —y yo lo he visto en el programa—: las personas suelen tener un momento de mareo. Es como si les quitaran una pieza fundamental de quienes han sido. Y por lo tanto la vieja coherencia que han sostenido queda suelta, como en el aire. A veces pasan hasta dos días para que empiecen a encontrar una nueva coherencia en un mundo emocional diferente.


Muchos de los quiebres más importantes de nuestra sociedad pueden ser enfrentados, desde nuestro punto de vista, sólo cuando comencemos a tomar las emociones y los estados emocionales seriamente como un dominio central del aprendizaje. Sabemos poco sobre cómo distinguir entre estados emocionales y emociones, de cómo reconocer los discursos sociales que los influencian, y de cómo entender o diseñar campos emocionales.


La mayoría de nosotros quedamos atrapados por los estados de ánimo en que nos rodean, sea en el hogar o en el trabajo. Estos estados de ánimo están definidos por la deriva de nuestras vidas y en general no tenemos capacidad de producir cambios significativos en ellos. Sostenemos que podemos adoptar una posición activa en lo que respecta a modificar estados de ánimo y con ello modificar nuestro horizonte de posibilidades.


Los seres humanos donde quiera que se encuentren, donde quiera que habiten, están siempre inmersos en determinados estados de ánimo. No hay forma de evitar que nos hallemos en alguno de ellos. El campo emocional con que me encuentro en Australia, en Chile o en España, es muy diferente del que encuentro por ejemplo en Buenos Aires, Rio de Janeiro o Bogotá. Pasa igual con los ciclos estacionales o los días de la semana. No es un secreto para ustedes que la emocionalidad de un sábado es muy distinta a la de un lunes. Incluso la emocionalidad de las 7 de la mañana es distinta a la de las 6 de la tarde.


El campo emocional es un territorio que poco indagamos o consideramos. La Modernidad dejó el mundo emocional fuera del dominio del aprendizaje. El mundo emocional es visto como sospechoso, no confiable. Por eso no sabemos ni cómo comenzar a hablar de ello. Por ejemplo en el medio empresarial, lo más sofisticado que se dice con respecto a las emociones es que "la moral en el trabajo está baja o está alta". No es de extrañar entonces la inmensa dificultad con que en ese mundo se enfrentan a temas como la resignación, el resentimiento, la desconfianza o la deslealtad.


máscara de emociones



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